Empezar una Actividad Económica

Que quiere decir ¿ser trabajador autónomo? La empresa individual, popularmente conocido como un trabajador autónomo, es la persona física que: realiza a nombre propio una actividad económica con finalidad lucrativa; lo hace de forma habitual personal, directa y por cuenta propia: lo hace fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona; y puede tener o no trabajadores.

En estos casos, la actividad empresarial adopta el nombre de la persona física titular del negocio, aunque también es posible actuar con un nombre comercial. Es una de las formas más frecuentes de creación de empresas en Cataluña y la que se asocia con la autoocupación, ya que el propietario de la empresa es a su vez trabajador de la misma, independientemente de la actividad que desarrolle y del tipo de trabajo que realice.

A la hora de crear una empresa, esta figura suele ser escogida fundamentalmente por los comercios al detalle (tiendas de ropa, alimentos, papelerías, artículos de regalo, joderías, quioscos de prensa, etc.), y por profesionales como fontaneros, electricistas, pintores, decoradores, etc.

Características:

• Control total de la empresa por parte del propietario, que dirige la gestión.
• La personalidad jurídica de la empresa es la misma que el titular (empresario), que corresponde personalmente a todas las obligaciones que contrae la empresa.
• No existe diferenciación entre el patrimonio mercantil y su patrimonio civil (personal).
• No precisa un proceso previo de constitución. Los trámites se inician en el principio de la actividad empresarial.
• La aportación de capital a la empresa, tanto en su calidad como cantidad, no tiene más límite que la voluntad del empresario.

Ventajas

• Es una forma empresarial idónea para el funcionamiento de empresas de tamaño muy reducido.
• Es la forma que menos gestiones y trámites tiene que hacer para la realización de su actividad, ya que no tiene que realizar ningún trámite de adquisición de la personalidad jurídica.
• Puede resultar más económico, dado que no crea persona jurídica diferente del propio empresario.

Inconvenientes

• La responsabilidad del empresario es limitada.
• Responde con su patrimonio personal de las deudas generadas en su actividad
• El titular de la empresa tiene que hacer frente en solitario a los gastos y las inversiones, así como a la gestión y la administración.
• Si el volumen de beneficio es importante, puede estar sometido a tipos de impuestos elevados ya que la persona física tributa por tipos de crecimiento donde cada vez es mayor su volumen de renta, mientras que las sociedades de reducida dimensión (menos de 8 millones de € de cifra de negocios) tributan al tipo del 25% sobre los primeros 120.202,41€ de beneficios.

Responsabilidad del empresario Individual

El empresario individual realiza la actividad empresarial en nombre propio, asumiendo los derechos y obligaciones derivados de dicha actividad. Su responsabilidad delante de terceros es universal y responde con todo su patrimonio presente y futuro de las deudas concretas en la actividad de la empresa.

Si el empresario está casado puede dar lugar a que la responsabilidad derivada de sus actividades implique al patrimonio del otro cónyuge. Por eso hace falta tener en cuenta el régimen económico que rige el matrimonio y la naturaleza de los bienes en cuestión (régimen de ganancias o de separación de bienes).

• Los bienes privativos del empresario quedan obligados a los resultados de la actividad empresarial.
• Los bienes destinados al ejercicio de la actividad y los adquiridos a consecuencia de  este ejercicio, responde en todo caso al resultado de la actividad empresarial.
• En régimen de ganancias, cuando se trata de bienes comunes del matrimonio, porque estos quedan obligados y se necesitará el conocimiento de los dos cónyuges. El consentimiento se presume cuando se ejerce la actividad empresarial con conocimiento y sin oposición expresa del cónyuge y también cuando al contraer matrimonio uno de los cónyuges ejerce la actividad y continuará con esta sin la oposición del otro.
• Los beneficios propios del cónyuge del empresario no quedarían afectados en el ejercicio de la actividad empresarial, llevado que haya un consentimiento expreso de dicho cónyuge. En todo caso, el cónyuge puede revocar libremente el consentimiento tanto expreso como presunto. En este sentido, si bien el empresario individual no está obligado a inscribirse en el Registro Mercantil, es conveniente inscribirse, entre otras razones, para registrar los datos relativos al cónyuge, el régimen económico del matrimonio, capitulaciones, así como el consentimiento, la revocación u oposición del cónyuge a la afección a la actividad empresarial de los bienes comunes o los privativos.

No hay una fórmula matemática que permita determinar con total precisión el tiempo de forma jurídica más conveniente para construir tu empresa, ya que depende de una serie de factores económicos, personales y comerciales. Pero si que hay ciertas pautas y criterios que pueden ayudar en el momento de escoger el tipo de sociedad que mejor se adapte a tus necesidades.

  1. Responsabilidad: El principal inconveniente del empresario individual respeto a la S.L. es su responsabilidad ilimitada, ya que responde con su patrimonio personal por las deudas frente a terceros, mientras que la S.L., como el nombre indica, es de responsabilidad limitada y por tanto solamente responde con el patrimonio de la sociedad.
  2. Constitución de la empresa: los trámites y gastos de construcción como autónomo son mucho más baratos y sencillos que los de una S.L. y el proceso es mucho más rápido, se puede hacer en un único día mientras que una sociedad puede tardar entre 5 y 30 días.
  3. Costes de gestión: el coste de gestoría de los autónomos suele ser más bajo que el de las S.L. cosa que provoca que su contabilidad es bastante más sencilla. Además, desde la aprobación de la tarifa plana, durante el primer año y medio la cuota de autónomos es bastante más baja en el caso de un empresario individual que en el de una S.L., lo que se traduce en un ahorro de 3.500 euros.
  4. Aportación económica: la creación de una S.L. exige aportar un capital social de 3.000 euros, mientras que como autónomo no es necesaria ninguna aportación. Ahora bien, este capital social se tiene que depositar en el banco, obtener el resguardo correspondiente y seguidamente se puede disponer de él para los gastos e inversiones del negocio, como explicamos en nuestro artículo «Como crear una S.L.»
  5. Impuestos: El autónomo tributa el IRPF, que es un impuesto de progresivo, de manera que con grandes beneficios el tipo a aplicar es más grande que en el caso del impuesto de sociedades, que es un impuesto de tipo fijo, en concreto del 25%. Pero cuidado! Esta ventaja sólo tiene realmente valor si parte de los beneficios fueran a dejar como a patrimonio de la sociedad. Si lo que quieres es llevarte todo el beneficio a casa para tus gastos personales, deberás tributar por tu nómina o por los dividendos que te lleves y al final queda más o menos igual.
  6. Acceso a financiamiento bancario: Las sociedades limitadas tienen, en principio, una mayor facilidad para acceder a créditos bancarios, ya que las cuentas de estas formaciones empresariales son más claras y precisas, de manera que el hecho de ser una S.L. siempre dará más confianza económica. A pesar de esto, en ambos casos lo que se fomenta al final es el aval o garantía.
  7. Imagen corporal: Las S.L. ofrecen una imagen más profesional, de empresa grande y solvente, de modo que a nivel comercial muchas veces son la opción más indicada.

Como conclusión, y a pesar que hayan motivos comerciales o financieros que aconsejen lo contrario (o que te interese asociarte con alguien, claro está) recomendamos iniciar su actividad empresarial dándote de alta como autónomo y escogiendo la tarifa plana, la manera más sencilla y barata de empezar un negocio.

Una vez que la empresa escoja un buen rumbo y consiga una facturación alta, será el momento de cambiar a una sociedad limitada o sociedad limitada unipersonal (SLO).

Estas nuevas figuras mercantiles nacen de la necesidad de crear dos nuevos tipos de formas jurídicas que se ajusten a la economía y en el mercado actual. Al establecer como emprendedor de responsabilidad limitada, ERL, tiene ciertas ventajas respecto a la figura de empresario individual. Lo más importante es que no haces frente a las deudas contraídas con tus bienes, o al menos con la vivienda que tú excluyas deliberadamente.

Las condiciones para establecerse como tal son comunes a las de un autónomo, salvo que indiques debidamente en el Registro Mercantil y en el Registro de la Propiedad que inmueble quieres desvincular de tu actividad económica. Es importante saber que inmueble tiene que cumplir con una serie de requisitos para estar exento de su responsabilidad empresarial.

En primer lugar, el valor de la vida no puede superar los 300.000€ y si la vivienda está situada en una población de más de 1.00.000 habitantes, no podrá superar los 450.000€.

Esta opción es muy ventajosa para aquellas personas físicas que quieran iniciar una actividad económica sin tener que responder con su inmueble personal.

Respecto a la Sociedad Limitada Unipersonal, SLO, ya que las S.L. también pueden estar formadas por un solo miembro, la única diferencia que hay entre estos dos tipos de sociedad es que la SLU expresa en todos sus actos la unipersonalidad de la sociedad.

De igual forma, se tiene que hacer constar cuando se inscriba la empresa en el registro mercantil, ya que en caso de no constatar la unipersonalidad, el socio único responderá de manera personal, ilimitada y solidariamente a las deudas contraídas, como si de un empresario individual se tratara.

No obstante, no hay diferencia entre una S.L. y una S.L.U. en cuanto a lo que se refiere el tratamiento fiscal y no hay diferencias significativas al respecto.

Este tipo de sociedad es muy ventajosa para aquellos emprendedores que tengan o quieran crear una empresa con la que esperan obtener sustanciosos beneficios, pero sin responder con sus inmuebles a las deudas contraídas.

Son frecuentes las consultas de profesionales y empresarios que tributan al IRPF como autónomos y se plantean la posibilidad de tributar como sociedades limitadas. La factura fiscal al IRPF es mucho más alta que el impuesto sobre sociedades a partir de un determinado baremo de ingresos, por lo cual decidirse por una manera de tributación u otra es la duda eterna de muchos autónomos que pueden escoger entre el impuesto sobre la renta de las personas físicas o el impuesto sobre sociedades.

Para el impuesto sobre sociedades, los beneficios netos tributan a tipo fijo del 25%. Este porcentaje del 25% se aplica como norma general y lo suponemos en este nivel sin considerar en que podemos disminuir este tipo impositivo mediante algún tipo de deducción.

Como el IRPF se tributa de manera progresiva y se tiene en cuenta las circunstancias personales y familiares, hemos de determinar a partir de qué intervalo es planteable la tribulación al impuesto sobre sociedades. Los tipos impositivos del impuesto sobre la renta de las personas físicas son los siguientes en función de la base imponible:

  • Hasta 12.450,00 euros: 19%
  • Desde 12.451,00 euros a 20.200,00 euros: 24%
  • Desde 20.201,00 euros a 35.200,00 euros: 30%
  • Desde 35.201,00 euros a 60.000,00 euros: 37%
  • Desde 60.001,00 euros en adelante: 45%

Con estos porcentajes, la tributación del 25% para la base imponible se obtiene en la declaración de la renta con una base imponible de 41.400 euros, en el supuesto de ser soltero y sin minusvalía. A esta base imponible se le restaría el mínimo personal exento de tributación, que es de 5.151 euros para este año, con lo cual tendríamos una base imponible efectiva de 36.250 euros.

Es decir, si mi rendimiento íntegro de actividades económicas es superior a 41.400 euros, pagaré menos impuestos si tributo por el impuesto sobre sociedades que por el impuesto sobre la renta. Para llegar a nuestra base imponible de equilibrio, es suficiente que utilizamos algún simulador de IRPF para obtener esta cifra. La base imponible por la que tributo al IRPF se puede consultar en la casilla 620 de la declaración de la renta. Debemos tener en cuenta que hablamos siempre de la base imponible general.

Relaciones Laborales

La complejidad del proceso es relativa y harán falta dos pasos previos que nada más se aplicarán en determinadas circunstancias: uno es ara los empresarios que nunca hayan contratado personal y otro para trabajadores que nunca hayan estado contratados. Si nada más se da una de estas circunstancias o ninguna de ellas, el proceso se simplifica bastante y queda circunscrito a determinar cuales deberán de ser las condiciones que regirá el contrato (tipo, durada, días y horas trabajadas, etc.)

Lo primero que deberás hacer es solicitar a la Tesorería General de la Seguridad Social, a través de las direcciones provinciales o de las correspondientes administraciones, tu inscripción como empresario en el Sistema de la Seguridad Social.

Afiliación de trabajadores: obtención del nombre de afiliación a la Seguridad Social para aquellos trabajadores que son contratados por primera vez en la vida.

Y después hay tres pasos obligatorios en todas las contrataciones:

Estarás obligado a comunicar, dentro de los plazos establecidos al efecto, las altas, las bajas y las variaciones de datos de trabajadores que vayan a iniciar una actividad laboral en tu servicio o que cesen del mismo.

Presentación de contratos en el Servicio Público de Ocupación Estatal. Tendrás que registrar los contratos en el SEPE en un plazo de 10 días desde la alta.

Pagos de las cotizaciones a la Seguridad Social: Deberás mantener la alta de tus trabajadores mientras no exista la relación laboral y efectuar el ingreso de las cuotas previstas en las nóminas del trabajador.

Impuesto sobre Sociedades

Si mi base imponible general del IRPF es superior a 41.400 euros, plantearme crear una sociedad para facturar mis ingresos como a persona jurídica es una tarea que me permitirá pagar menos impuestos sin salir de la legalidad vigente. Como más lejana esté mi base imponible real de esta cifra, más me interesa construir la sociedad.

No obstante, la retirada de dinero de una sociedad tributa como dividendo en la declaración de la renta al 18% (19% a partir de 6.000€) y, para acabar de cuadrar el círculo, la sociedad tiene que pagarnos una nómina como administradores dentro de las tareas de dirección y gestión de la empresa.

Imaginamos que ejerzo diversas actividades empresariales en renta que me reportan unos beneficios íntegros de 75.000€ anuales. La situación ideal es que la sociedad me pague un sueldo anual que no exceda de 41.000€. Estos 41.000€ iniciales tributarán para el IRPF a un tipo impositivo global inferior al 25%, a nivel personal tendré mis ingresos cubiertos sin necesidad de recurrir a un reparto de dividendos y la sociedad tributa por la diferencia en el tipo efectivo del 25%.

Constituir una sociedad tiene unos gastos, aproximadamente unos 700€ y, a su vez, requiere más obligaciones documentales y formales. Si no estamos muy puestos en materia física debemos encomendar las tareas de gestión de la sociedad a un buen asesor. Por lo tanto, como norma general, en el ámbito de asesores se fija el límite del equilibro fiscal en 50.000€ de base imponible del IRPF. Si nuestra declaración de la renta, la base imponible es superior a 50.000€, es interesante construir una sociedad; para cifras inferiores, no vale la pena.

Otra cuestión es si la sociedad da más cobertura jurídica o no y si es más interesante por cuestiones legales, tema que queda fuera del objetivo de equilibrio fiscal, que es el caso propuesto aquí.

Tipo principal

Tipo general del 25%.

Tipo reducido del 15% para emprendedores. Aplicable durante dos años a sociedades acabadas de construir es del 15%. Quedan excluidas las sociedades patrimoniales. Por la aplicación de este tipo reducido, pero, será requisito necesario que se considere que la sociedad comienza una actividad económica. Se aplicará en el primer período impositivo en que la base imponible resulte positivo (y por lo tanto nos obligue a pagar el impuesto de sociedades) y en el siguiente.

Tipo reducido del 20% para cooperativas. Aplicable de forma genérica en sociedades cooperativas físicamente protegidas, a excepción de los resultados extracooperativos, que tributan al tipo general del 25%. No obstante, no se aplica a cooperativas de crédito ni cajas rurales.

Tipos aplicables a sociedades y entidades especiales.

La normativa del impuesto de sociedades contempla una serie de tipo impositivo reducido para entidades especiales. Es necesario en cada caso mirar los requisitos a cumplir para beneficiarse de este tipo reducido.

Tipo reducido del 10% para asociaciones y fundaciones. Aplicable a aquellas asociaciones declaradas de utilidad pública y a las fundaciones inscritas en el registro correspondiente, a las cuales sea susceptible el régimen fiscal que se establece la Ley 49/2002 de régimen fiscal de las entidades sin finalidades lucrativas y de los incentivos fiscales al mecenazgo.

Tipo reducido del 1% para sociedades de inversión. Aplicable a sociedades de inversión de capital variable, fondo de inversión de carácter financiero y sociedad de inversión inmobiliaria/fondo de inversión inmobiliaria en la mesura de que cumpla los requisitos que establece el artículo 29.4 de la ley de impuesto de Sociedades.

RGPD

Están obligados a adecuar su funcionamiento al nuevo RGPD, todas aquellas empresas, sociedades, autónomos, comunidades, asociaciones, fundaciones… y en general cualquier persona física o jurídica que como consecuencia de su actividad disponga de datos personales de personas físicas (trabajadores, proveedores, clientes, asociados, patrones, etc).

El RGPD recoge los principios básicos en que se basa su articulado:

Relativos a la protección de datos

La información en la recogida de datos personales tiene que ser de manera clara para que sea fácil de entender. Además, los datos tienen que ser recogidos de manera limitada ya que tiene que tener un fin previamente establecido que además tiene que ser legítimo.

Relativos al tratamiento de los datos

El tratamiento de los datos tiene que ser lícito. Solo estamos delante de un tratamiento lícito si cumple con unas determinadas condiciones, como que se dé el consentimiento expreso por parte del interesado para su uso, que los datos sean utilizados por la firma de un contrato en el cual el interesado intervenga o cuando sea imprescindible para proteger intereses legítimos.

Relativos al envío internacional de datos personales

Tiene que saber que está prohibido enviar datos personales fuera del Espacio Económico Europeo a un país que no ofrezca la suficiente protección de los mismos. En caso de no existir una garantía, esta transferencia puede estar limitada con determinadas cápsulas contractuales.

Si tienes claro que debes adecuar tu gestión de los datos a la nueva normativa y sabes en qué términos, atiende a la lista de claves básicas del RGPD que tienes que tener en cuenta:

  1. Se amplía el derecho de las personas a conocer la finalidad y el tratamiento de los datos personales cuando se le sea solicitado.
  2. Para pedir datos personales hace falta hacerlo mediante una declaración clara y expresa. ¿Tienes protección de datos? ¿Podrás seguir poniéndolo, pero ¡cuidado! porque en ningún caso podrá estar premarcada.
  3. Solo podrán usar los datos para finalidades estipuladas desde el inicio, cualquier otro tipo, en principio, se considera ilícito.
  4.  El interesado tiene derecho a mover, copiar o transferir de manera personal sus datos desde otra empresa, incluso cuando quiera llevarlas a la competencia.
  5. Si hay violaciones a la seguridad de la protección de datos de los responsables de esta deben avisar a las autoridades competentes en menos de 72 horas.
  6. Nada más estarás obligado a designar un Delegado de Protección de Datos (DPO), si tu empresa lleva a cabo una observación habitual y sistemática de interesados y si tratara a gran escala categorías especiales de datos.
  7. Cuidado con no quedarse al RGPD porque se previene sanciones por incumplimiento que pueden llegar a los 20 millones de euros o al 4% de volumen de negocio en caso de ser una empresa.

IRPF

Los cambios establecidos por el Real Decreto Ley 20/2011 acabar con la deducción para la adquisición de la vivienda habitual desde el 1 de enero 2013. Eso quiere decir que cualquier persona que se haya comprado una casa posteriormente a esta fecha no se podrá aplicar esta deducción. Aun así, seguirán disfrutando los que intervinieron hasta el 31 de diciembre del 2012.

La deducción por adquisición en el IRPF está limitada a la vivienda habitual. En el momento en que se alquila un piso se entiende que este sitio ya no supone la residencia habitual del contribuyente y, por tanto, pierde el derecho a deducción. Hay una excepción, la referida al alquiler de habitaciones en la vivienda. En este caso se podrá seguir desgravando pero solo por la parte proporcional de la vivienda que se está ocupando. Si recibe rentas de alquiler, podrá desgravar solo los intereses que pague, como gastos necesarios para poder obtener dicha renta por alquiler.

El único perjuicio de contar con dos pagadores a efectos de IRPF es la posible modificación de los mínimos exentos de declarar, hace falta consultarlo para cada ejercicio. También tiene influencia el tipo de contrato que haya tenido, ya que este parámetro afectará a las retenciones que le hayas practicado. De forma resumida, tener dos pagadores no hace que te paguen más o menos impuestos, hace que sea más fácil que estés obligado a presentar el IRPF y que este salga a ingresar por los impuestos no retenidos (las retenciones que suele practicar una empresa a partir de un contrato temporal son bajas y por ese motivo el resultado final de la declaración podrá ser a pagar).

La presentación de desocupación tiene carácter de rendimiento del trabajo a efectos de IRPF y, de hecho, se considera un pagador más como cualquier otra empresa. Así, una persona que se haya quedado en el paro durante un ejercicio tendrá dos pagadores, previsiblemente quedará afectada su obligación de presentar el IRPF. Lo que no tendrás que tributar es la indemnización por despido hasta cierto límite (consultar por cada ejercicio).

De ninguna manera. El hecho de haber presentado el IRPF en ejercicios anteriores no obliga a presentarlo a posteriori.

Para saber qué modalidad de renta hace falta presentar, se tendrá en cuenta la situación personal en fecha 31 de diciembre del ejercicio a que corresponda. Esto mismo ocurre con el nacimiento de un hijo.

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